Entrevistas
23/04/2025 He llegado hoy a escribir a la casa, dentro de tanto ajetreo. Es parte del trabajo también hacer que las piezas se junten para formar una creación mayor. Tengo tantas ideas rondando mi cabeza. Créanme que no me siento cansada, sino que pensativa, y es más que nada el escuchar y empatizar con las experiencias de vida de cada mujer. Les cuento en los siguientes párrafos. En Proyecta metalmadera hemos decidido abrir una convocatoria para ayudante de carpintería mujer. Le pedí a ChatGPT que me ayudara con un flyer bonito tipo vector con Camila y Victoria detrás de un mostrador que diga “Se busca mujer ayudante de carpintería”. Sin dudas y con todo el impulso del momento decidí subirlo a Facebook en varios grupos de los pueblos y ciudades circundantes. Este fue el resultado después de un par de ediciones con errores de Inteligencia artificial. No nos parecemos en nada, pero al menos se logra la idea de que somos dos mujeres motivadas en busca de más mujeres motivadas para trabajar en esta área mayoritariamente dominada por los hombres. Muchas mujeres se comunicaron inmediatamente a través de Facebook y WhatsApp. De ellas, pudimos concertar 4 reuniones para conocernos y entrevistar a las chicas. La primera mujer estaba en su trabajo que iba a finalizar pronto. Ella conocía el rubro porque ayudaba a su papá a realizar sus trabajos de carpintería y soldadura. ¿Hay alguna herramienta o técnica que te gustaría aprender a usar? Sí, me gustaría usar la sierra circular, es que no me dejaban usarla porque era muy peligrosa. También me gustaría aprender a soldar. Se veía bonito cuando mi papá lo hacía, pero también por ser peligroso no me dejaban. Pero ¿Cómo alguien aprende si no lo dejan hacer? Quiero pensar que la edad fue determinante y no su género. Ella conocía de cerámica y terminaciones finas. Tiene muy buena disposición a aprender también. Decía que se escurría dentro de las actividades de los tíos para aprender de todo lo que ellos sabían. Aunque creyeran que no estaba, ella aparecía. Lo que ellos hacían, ella hacía. Yo siempre metida en todo. Soy bien “marimacho” para mis cosas. Me di cuenta que aceptó ese adjetivo como parte de sí misma. Aceptó en conjunto con ello que cortar leña, hacer muebles, jugar sin muñecas eran cosa de hombres. A lo que respondí Somos de la misma tribu. Inquietas. Con ganas de aprender. No estar sentadas. Somos mujeres, no estatuas. No inventoras de historias con mini personas de plástico. Somos las loquillas que juegan, se mueven, se suben a los árboles, corren detrás de una pelota, tenemos metas, queremos ganar. Experimentamos el mundo a nuestra forma sin orden, nos llenamos de barro, nos chasconeamos, nos caemos y nos volvemos a levantar. Aprendemos todo. Somos las porfiadas y las mañosas. Nos encontramos y queremos encontrar a más personas como nosotras. Eso no lo dije. Sólo lo sentí y ahora lo escribo. Creo que a eso me senté el día de hoy. A desplegar las emociones que me causa el ser mujer y tener que ser algo y no ser lo otro, cuando en realidad somos todo esto. No hay un modo de ser mujer, sencillamente somos. Agradecimientos a quienes nos dejaron ser y aprender de ellos.


